¿Cuál es la Causa de tu Arrogante Palabrería?


¿De qué te las Echas?

 

            En la vida siempre vamos  encontrar personas abiertamente pedantes y cargadas de soberbias palabrerías. Mas, y ¿Qué de aquellos que son excelentes en lo que hacen en áreas verdaderamente importantes y respetadas en nuestra sociedad? ¿Habrá justificación para su pedantería? Jeremías 9:23 nos enseña:

“Así ha dicho Jehová:
    No se alabe el sabio en su sabiduría,
    ni en su valentía se alabe el valiente,
    ni el rico se alabe en sus riquezas.
     Mas alábese en esto el que haya de alabarse:
    en entenderme y conocerme,
    que yo soy Jehová,
    que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra,
    porque estas cosas me agradan,
    dice Jehová.”

 

            Dios no nos da permiso para alabarnos o, como dicen en Puerto Rico, “echárnoslas” de sabios, de valientes ni de la cantidad de dinero que tenemos en el banco. Si te las vas a echar, échatelas de que entiendes y de que conoces a  Dios más allá de tus misas de domingo y más allá de lo que dicen los pastores. Échatelas de que si aún no entiendes, por lo menos conoces a Dios lo suficiente como para descansar en la realidad de que El es bueno y de que en Dios puedes confiar todos los días de tu vida.

            Échatelas de Sus misericordias; de cómo tuvo piedad de ti cuando  merecías la cárcel y más que la cárcel, el castigo eterno. Échatelas de cómo te sacó del hoyo en el cual te encontrabas, de cómo te sacó de un camino de muerte, putrefacto, del laberinto de las drogas y el alcohol. Échatelas de cómo salvó tu vida aún cuando los disparos llovían alrededor tuyo. Échatelas de su amor tan grande, de sus juicios perfectos y de la justicia que hace en la tierra. Échatelas de cómo te guardó bajo las sombras de sus alas cuando perdiste a ese ser que tanto querías; cuando el divorcio te arrebató el aliento; de cómo te salvó de las manos del suicidio; de cómo arrancó de ti la depresión y te dio esperanza de vida. Si te las vas a echar, échatelas de cómo levantó tu frente delante de los poderosos, de cómo arregló esa situación tan crítica y de cómo hizo el milagro cuando ni tú mismo creías. Entonces hermano, hermana y amigo ¿Cuál es la causa de tu arrogante palabrería? ¿De qué te las echas?

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