El Poder de la Humildad


“Cinco Puntos”

 

          Cuando hablamos de personas humildes, no asociamos las mismas con características coligadas con poder y autoridad. Nos imaginamos a las personas humildes caris-bajos en su caminar y en su hablar. En este artículo observaremos algunos puntos básicos que nos mostrarán claramente, la inmensa autoridad que los humildes cargan aún en esta dimensión de vida. ¿Qué es pues la humildad? “La humildad describe a una persona sumisa, obediente, respetuosa, reverente y modesta.” La Escritura establece claramente en Mateo 5:5 que son los humildes los que “…recibirán la tierra por heredad.”  Mas este es un verso con implicaciones futuristas. ¿Y qué del humilde en esta dimensión de vida? Estudiemos entonces a Santiago 4:6-7.

“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

            Sin lugar a dudas que Dios resiste a los soberbios. Dos palabras que nos ayudan a describir a la persona soberbia son las palabras: “Altanero” y “Arrogante”. Aunque la persona altanera es la que casi siempre asociamos con poder y autoridad, lo cierto es que todo lo concerniente a este tipo de persona es un engaño y una falsa y hueca imagen. La persona arrogante es resistida por Dios. A continuación veamos juntos cinco puntos importantes y básicos sobre el poder de la humildad:

  • La persona humilde disfruta de una relación más intima con Dios.  Así como Dios resiste a los orgullos, El es atraído por los humildes. La humildad es un indicativo de lo dispuesto que estamos a morir al “yo” y el rendirnos a Cristo.
  • La persona humilde disfruta de una mayor porción de la gracia de Dios. La gracia de Dios es, en su forma más elemental, el favor inmerecido de Dios para con nosotros. Esta realidad Bíblica es suficiente para que nos tiremos de rodillas al suelo y le pidamos a Dios que cree en nosotros un corazón humilde.
  • La humildad es el preámbulo a un corazón dispuesto a someterse a Dios. Si en nosotros no hay humildad, seguiremos tratando de hacer las cosas nosotros mismos sin pedir la intervención divina. Sin humildad seguiremos por el mundo defendiéndonos y siempre buscando el tener la razón. Para someternos a Dios necesitamos la humildad necesaria para confiar en Su justicia y sabiduría.
  • Después de dicha sumisión a Dios, encontraremos la unción necesaria para resistir al diablo. La palabra Resistir significa “Dar el pecho, poner resistencia, hacer cara y salir al encuentro.” Esta definición describe a una persona llena de mucha valentía en Cristo Jesús; uno que no se deja pisotear por el diablo; uno que dice: “Tu vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos…” (1 Samuel 17:45) ¡Hermanos, esa valentía es producto de la humildad!
  • La humildad nos da la victoria que provoca la huida del diablo. La humildad no tiene ni un pelo de débil. En la humildad hay poder y en la humildad hay victoria.

 

 

Dios no ha Terminado Su Obra Contigo


Como las hojas caen de los árboles insignificantemente ya secas, usadas y luego son pisoteadas por el mundo, así se siente mi alma en este día. La tristeza se apodera de mí ser, mi corazón experimenta gran quebranto.

¿Hasta cuándo durará esta batalla? ¿Hasta cuándo tendré que convivir con este dolor? Mi rostro sonríe; todos creen que todo anda bien; mas como golpes constantes al cuerpo del boxeador, como las olas fuertes contras la roca, así voy decayendo cada día.

Las tormentas han venido a la residencia de mi mente; las más dolorosas son las que yo he causado con mi estupidez, irresponsabilidad y por darle la espalda a la sabiduría.

¡Ayúdame mi Dios! Tú que eres mi redentor, mi castillo y mi fortaleza. ¡Sin Ti ya no puedo más! Sin Ti mis piernas ya pierden su fuerza para caminar por el sendero de los sueños y la esperanza. Mi caminar se vuelve lento como el caminar en la arena desértica de los que van perdiendo sus vidas.

El calor del día derrite mi valentía y mata mi anhelo. El frío de la noche me aterroriza y reta las pocas gotas de fe que me queda.   El frío ha abandonado el invierno del norte, los veranos han perdido su calor; las hojas de otoño rehúsan cambiar de colores y las flores no llegaron a adornar la primavera.

La luna ha abandonado mis noches y el sol ya no alumbra en mis días. El vino de la copa que se me ha dado a tomar es amargo como la amargura de los rebeldes. Como una avalancha que viene hacia mí, veo mis días ya contados. Como un tenebroso tsunami veo la destrucción de mi futuro. Oh Jehová, ¿Dónde estás? ¿Valdrá todo esto la pena? ¿Contará mi vida para algo? El dolor comprime mi corazón; ya contemplo la bandera blanca.

¿Cómo salir de la obscuridad de estos momentos? Tú que lees estas palabras  sabes el peso que se siente ante  tanta tristeza y cansancio. Mas luego miro la cruz del que salvó mi alma y veo el corazón del Padre mientras la fuerza del Espíritu Santo me levanta del fango de mi lamento.

Dios no se ha rendido; Dios no ha terminado su obra conmigo. Hoy, querido hermano y hermana, quizás te encuentres en un desierto de dolor en donde las únicas aguas son tus propias lágrimas, mas como Dios me ha dicho a mí en este día, declaro estas palabras sobre tu vida:

“Dios no ha terminado Su obra contigo.” Toma hoy del manantial de las palabras de vida que son derramadas del trono de Dios y abre tu corazón…Dios no ha terminado Su obra contigo.

De Tu Corazón al Mundo


“Palabra para los Hispanos en Jacksonville”

 

Por más de cincuenta años grandes profetas han profetizado sobre la forma en que Dios utilizará a los hispanos aquí en los Estando Unidos. Dios tiene algo grande para nosotros aunque hoy día no se nos preste mucha atención. El problema ha sido y continúa siendo, que Satanás ha hecho un buen trabajo en mantenernos divididos. Muchos han caído en la mentalidad de construir su propio reino y se han olvidado de la importancia de la unidad   y del amarnos los unos a los otros. Hemos creado nuestras propias doctrinas y hemos permitido que nuestras diferencias doctrinales reinen sobre los mandatos de la Palabra de Dios. Hemos sido celosos en proteger nuestras doctrinas, mas hemos descuidado el proteger nuestra hermandad.

Hermanos, tengamos cuidado de querer alcanzar nuestra ciudad para Cristo olvidándonos de los requerimientos básicos de la vida en Cristo. Sin caer en la mentalidad de llegar a ser perfectos antes de ministrar; lo cual es una trampa del diablo para ahogar la predicación del evangelio, el Cristiano tiene la responsabilidad de morir al “Yo” cada día. Nos preocupamos tanto por hacer tantas cosas; predicar aquí, predicar allá, anunciar esto y lo otro, que nos olvidamos de ciertos principios básicos del vivir Cristiano.

“Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.”  (Efesios 4:31-32)

Estos versos bíblicos de Efesios 4:31-32 nos animan a quitar de nuestras vidas ciertas cosas y a vestirnos de otras.

1.  Quitémonos la amargura: Una persona amarga es una persona herida. Este es un tipo de persona con dolores y penas que no han sido resueltos en su corazón. Una persona amarga no es feliz y no desplaza felicidad. Su amargura se refleja en sus rostros y dicha amargura se manifestara en su ministerio y en su forma de compartir con otros. La amargura no nos deja confiar en nadie y nos convierte en persona fácilmente ofendidas. ¿Crees tú que el mundo desea rodearse de una persona amargada de la vida? ¿Crees tú que una persona amarga pueda trabajar en equipo o promover unidad en el cuerpo de Cristo?

2. Quitémonos el enojo: La amargura desplaza el enojo. La persona enojada es una persona la cual está molesta por algo que se ha hecho en su contra o en contra de otros. No necesariamente tiene que ser verdad; mas si ellos han percibido que algo se hizo en su contra el enojo encuentra terreno para crecer. Es un disgusto o enfado. No toma mucho tiempo para que podamos ver, en nuestras reuniones, los que están enojados. El enojo es una de las armas poderosísimas del diablo en su intento de mantener al Cuerpo de Cristo separado. Nadie quiere compartir con alguien con el cual tengamos sentimientos de molestia, incomodidad, irritación, etc.

3.  Quitémonos las Griterías: El gritarle a una persona es producto directo del enojo. Si había algún tipo de duda de tu amargura y enojo, al gritar abrimos nuestra boca para mostrar lo que verdaderamente está en nuestro corazón. La acción de gritar no es el pecado; podemos decir muchas cosas gritando; pero el problema es que nos estamos gritando los unos a los otros y no nos estamos escuchando. Cuando nos gritamos los unos a los otros nadie está escuchando a nadie. Con el grito declaramos que no nos importa lo que el hermano o hermana tiene que decir y declaramos nuestro deseo de humillar y destruir al hermano con nuestras palabras. 

4. Quitémonos la Maledicencia: La maledicencia es una calumnia, murmuración y literalmente un chisme en contra del hermano o hermana. El chisme está acabando con el Cuerpo de Cristo. Nos estamos mordiendo los unos a los otros con nuestras lenguas. La maledicencia es diabólica porque no tiene ningún tipo de intención de buscar reconciliación o el bienestar del hermano del cual estamos hablando; la intención es destruir y desacreditar a esa persona. Aún cuando lo que se dice es cierto, si se dice con la intención de destruir, no carga el Espíritu de Dios.

5. Quitémonos la Malicia: Otra palabra para malicia es traición. La traición a Cristo fue lo que vendió judas por apenas treinta monedas. Después de sufrir una ofensa, permitir la formación de raíces de amargura, manifestar el enojo a través de las griterías y rehusar el escucharnos, levantar calumnias en contra de nuestros hermanos en Cristo… ¿Qué nos queda? Nos que la traición abierta. Tenemos que entender que cada ves que nosotros hacemos esta serie de cosas que la Biblia nos ordena quitarnos, estamos traicionando no tan solo a nuestros hermanos en Cristo, mas también a Dios. Con la traición, así como Judas, declaramos abiertamente que no pertenecemos al mismo equipo  y rehusamos a ser identificados con esta o aquella Iglesia. La malicia nos lleva a hacer más profundas las heridas de nuestra división y son esas heridas las que el mundo puede ver. El mundo ve sus propias heridas producto de las puñaladas en las espaldas que han recibido y se preguntan ¿Para qué ser parte de ese grupo si sus heridas son aún más profundas que las de nosotros?

 

“…Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.”  (Efesios 4:32)

 

Antes de todo lo demás; mientras el Espíritu Santo te quita toda la basura del “Yo”, no te quedes vacío:

6. Seamos Benignos: Seamos Apacibles, humildes, mansos y obedientes. Muchas veces preferimos títulos y grados académicos; mas Dios nos pide en este día que seamos benignos. Pon tu ministerio a un lado y prefiere escuchar sobre lo que el hermano está haciendo para Cristo. ¿Acaso es tu gloria o la gloria de tu hermano lo que cuenta?

7. Seamos Misericordiosos: La misericordia es lo que detiene el juicio y el veredicto de culpable con el eterno castigo que todos merecemos. Entendemos la misericordia cuando entendemos la magnitud con la cual necesitamos la misma. Sin este ingrediente, nunca podremos caminar en unidad. Muchos nos hemos pasado gran parte de nuestras vidas juzgando a otros; Dios nos pide que extendamos misericordia. La misericordia fluye de un corazón benigno, un corazón humilde que reconoce su necesidad en Cristo. La misericordia apunta a nosotros mismos y cuando entendemos toda la misericordia que Dios nos ha dado, no nos queda otro remedio que extenderla a otros.

8.Perdonémonos los Unos a los Otros: ¡Cuánta falta nos hace el perdonar! Sin el perdón la restauración y la reconciliación se hacen imposible. ¡El perdón es clave! En este verso la Biblia nos anima a perdonar de la misma forma en que Dios nos perdonó. Cuando consideramos la magnitud del perdón de Dios estaremos más dispuestos a perdonar. El perdón, como pueden ver, fluye de la misericordia.

Hermanos, no estamos hablando de ser perfectos; estamos hablando de morir al yo, a las agendas personales, a las relaciones formadas por conveniencia y al odio. No estamos hablando de ponernos máscaras de una falsa santidad, mas de remover las mismas, de mostrar sinceridad y transparencia y de levantar y exaltar a Cristo. El mundo no necesita el exaltamiento de una contaminada doctrina y una forma estructurada de llevar un servicio de Domingo. Si vamos a pelear por algo; si vamos a luchar por algo valioso, luchemos por mantenernos conectados. Hablémonos, animémonos, dejemos de pretender lo que no somos o de predicarnos o de tratar de impresionarnos los unos a los otros. Compartamos con los hermanos que laboran en otras áreas de la ciudad. Reunámonos aún, una vez al mes, sin agendas; solo para conocernos, apoyarnos y para comenzar  a destruir las gigantescas paredes que nos dividen. Comienza con tu corazón, ahí es en donde comienza la obra. De tu corazón a tu familia, de tu familia a tu vecindario, de tu vecindario a tu ciudad, de tu ciudad a tu nación y de tu nación al mundo.