Conversación Interna Con Dios en Una Noche Larga


La noche se hace larga. Los pensamientos me traicionan y retan mi meditación en el Dios que tanto me ama. La vida da tantas vueltas; nada nos debe nunca sorprender. Hoy nos reímos, mañana lloramos, hoy nos aman, mañana nos odian. El éxito está con nosotros y luego es substituido por el fracaso. Salomón, quien todo lo que quiso tuvo, nos dijo en Eclesiastés que “Todo es vanidad.”
Mi corazón sigue amando a una mujer que ya no existe y se ató mi alma a una que nunca me amó. ¡Las noches! Hay algo pasa en las noches cuando los demás duermen; cuando los sonidos no son tantos y cuando los pensamientos se hacen ruidosos en nuestras mentes. La ternura de mis hijos me mantiene con vida, con propósito santo para continuar viviendo y el Dios que tanto me ama me da las fuerzas cada día. A Cristo le entrego mi mente y todos estos pensamientos tristes.
Mis emociones ya no importan; la aflicción me hez necesaria. ¿Quién soy yo para quejarme y protestarle al Dios Altísimo? El conoce todos mis pasos, el levantar y el acostarme. Mi mente es un libro abierto ante sus ojos y mi alma como película en pantalla gigante.
Aquí estoy Santo Espíritu, aquí estoy una vez más, pidiéndote que guardes a mis hijos, a mis seres queridos, a mi nación Puerto Rico y a todos los demás. Esta noche es solo un momento de debilidad. La tristeza se apodera de mi alma; así lo digo con toda sinceridad. No me abandones Dios mío y tu Espíritu que no se aparte de mí jamás.
Criándome en Puerto Rico aprendí que lo mejor que hizo Dios fue un día detrás del otro. No sé quien comenzó este refrán, pero sé que carga sabiduría, por que mañana será otro día en el cual recibiré Su bondad. Mi vida tiene propósito mas allá de de la aflicción. Humanos somos, mas Dios está con nosotros en todo momento. Su paz comienza a acariciar mi mente; ya siento el sueño una vez más; medito en Dios y en sus promesas, en su amor y fidelidad.
La tormenta aún azota con poderosos vientos de incertidumbre y se levantan las olas del miedo y la inseguridad. Mas el futuro se ve brillante y ya se aparta la obscuridad. Como Cristo, quien nos ha dado el poder de dormir en medio de la tempestad; ya voy cerrando mis ojos, ya voy sintiendo Su paz.
“Y ahora Permanecen la fe, la esperanza y el amor…” me dice Primera de Corintios trece; pero el mayor, sigue la Escritura diciendo, “es el amor.” Lléname de amor Padre Santo aún para los que me odian. Cambia mi corazón y hazme más como tu Hijo y aléjame de quien soy cuando lo que hago no te agrada. Santifica mi vida… ayúdame y no me abandones. Con anticipación espero la realización de mi verdad, la verdad que hoy se declara en los cielos y que mañana será entre nosotros realidad.