Cuatro Estrategias Satánicas en Contra de La Iglesia Parte 2


Relaciones Rotas entre Padres e Hijos:

Sin duda que tenemos mucha gente en el Cuerpo de Cristo que no quieren  someterse a nadie. Tenemos, sin duda, muchos hijos en desobediencia. Mas la presión de reconciliación cae sobre los padres. Malaquías 4:5-6 nos dice:

“He aquí, yo os envío á Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible. El convertirá el corazón de los padres á los hijos, y el corazón de los hijos á los padres: no sea que yo venga, y con destrucción hiera la tierra.”

El proceso de reconciliación comienza en el corazón de los padres, no en el corazón de los hijos. Son los padres los que primero tienen que escudriñar sus corazones y hacer todo lo posible por alcanzar ese hijo e hija. Esperamos de ellos, los padres, un mayor nivel de madurez. Son los padres los que invierten en los hijos y no los hijos en los padres. Segunda de Corintios 12:14 nos dice:

“He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.”

 Líderes que bloquean el uso de los talentos de los hijos:

Una y otra vez, en mi corta vida como cristiano, he visto líderes que rehúsan a reconocer cuando es tiempo de pasar el manto. Líderes que se convierten en cartuchos ya quemados; balas que ya han sido disparadas, mas sin embargo rehúsan ha invertir en la nueva generación. Cuando ellos mueren, muchas veces muere también el ministerio. ¿Cómo es que se pueden pasar décadas sirviendo como líderes y al momento de retirarse no tener un Josué, un Salomón o un Eliseo a quien pasarle la batuta? ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué suceden estas cosas? Porque los líderes han rehusado el permitirle a los hijos usar sus talentos para la gloria de Dios. No dejan a nadie predicar; no pasan tiempo estudiando sus congregaciones e identificando los dones del pueblo, se encierran en sus mundos y el pueblo se entristece. Hay un gozo que se siente cuando usamos nuestros talentos para la gloria de Dios; ese gozo se pierde cuando se nos bloquean esa oportunidad. Mateo 25:14-25 nos dice:

“Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes. Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos. Y el que había recibido cinco talentos se fué, y granjeó con ellos, é hizo otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos. Mas el que había recibido uno, fué y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.”

En conclusión:

            De los cuatro problemas que veo en la Iglesia; tres envuelven directamente a nuestros líderes. Mas si vemos estos ataques satánicos más profundamente, nos damos cuenta que casi toda la responsabilidad cae sobre los líderes. Los líderes tienen que enseñar sobre el pecado de la ofensa; los líderes tienen que dejar de operar en el espíritu celoso de Saúl; los líderes tienen que permitirle a Dios hacerle cirugía en sus corazones para que puedan tornar sus corazones hacia sus hijos y los líderes tienen que, desesperadamente, abrir paso para el fluir de los talentos en sus Iglesias locales.

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