¿Te Has Reconciliado Con Dios?


En la vida tenemos altas y bajas, cometemos grandes errores, nos frustramos, sufrimos, luego lloramos, ganamos, perdemos, mas también nos reímos y disfrutamos de momentos gloriosos. En la vida, todo a la larga cansa, nada satisface totalmente, todo al final decepciona. Amigos, muy cercanos hoy; los mismos que mañana no se encuentran; mas luego, nuevos amigos nacen. La vida nos da montañas difíciles de mover, nos da valles profundos e indiferentes y caminos desérticos que derriten nuestros sueños. Una vida sin Dios es una total pérdida de tiempo. La Biblia nos dice en Mateo 16:26

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

Muchos viven sus vidas buscando ese trabajo de sus sueños, esa compañera o compañero que les traiga felicidad. Muchos siempre dicen: “Si logro tener esto o lo otro seré feliz.” Muchos se entregan a las tareas de la vida y se mantienen ocupados día tras día. Muchos se han hecho enemigos de la serenidad; del respirar en el campo, del disfrutar de las canciones de las aves, del dibujo de las mariposas y de las melodías del viento. Caminan con sus oídos esclavizados a aparatos electrónicos, constantemente sostienen sus teléfonos en sus manos; ya no miran a los lados, ya no miran a lo que está de frente. Tanta tecnología que facilita el comunicarnos, pero la soledad nos arrebata cada vez más.

Mas, ¿Qué es la vida sin Dios? Un vapor, una brisa pasajera, una ola que rompe en las costas, un simple soplo. Nos podemos quedar con el mundo, mas si nuestras almas nunca conocieron la reconciliación con Dios, ¿De qué nos servirán nuestros diplomas? ¿Qué conveniencia tendría nuestra educación? ¿De qué nos servirá el dinero cuándo el telón de nuestras vidas nos separe de la vista de este mundo tan cruel?

El alma del hombre es tan importante y tan valiosa para Dios que ni aún todas las riquezas del mundo pueden declara provechoso el ganar el mundo entero y perdernos en el proceso. En medio de todo, de lo bueno, de lo malo y de lo feo, en este mismo momento, considera tu relación con Dios y pregúntate; ¿Te has reconciliado con Dios? Querido hermano, querida hermana, sin Cristo somos culpables y como culpables pagaremos un gran y terrible precio. Te hago entonces otra pregunta: ¿Estás cubierto con la sangre de Jesús? Si tu corazón arde con estas palabras, escríbenos…Dios te está llamando…

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