Mientras Hay Vida Hay Esperanza


La persona que rehúsa perdonar las ofensas que otros han cometido en su contra, no ha ni tan siquiera comenzado ha entender las misericordias diarias de Dios en sus propias vidas. La persona que se pasa la vida juzgando a otros en sus errores y pecados, aún cuando éstos se han arrepentido, no ha comenzado ni tan siquiera a entender su propia condición putrefacta.

 

Hermanos, no permitamos que nadie en este mundo nos descalifique del privilegio de servirle a Dios. En Puerto Rico escuché a muchos decir: “Mientras hay vida, hay esperanza.” En la Biblia vemos ejemplos de hombres que se sintieron descalificados; otros fueron descalificados aún por sus propias familias. Moisés se descalificó por que gagueaba en su hablar, mas Dios lo levanto para libertar a Israel de las manos de la nación más poderosa de esos tiempos. Gedeón se descalificó también porque era de una familia sin honor, mas Dios lo levantó como un juez poderoso en Israel. ¿Y qué decimos de David? Cuando el Profeta Samuel fue a la casa de su padre buscando ungir el próximo Rey de la nación Judía, David ni tan siquiera fue llamado para ser considerado, mas a Dios le plació el levantarlo y establecer su trono para siempre. Historias como estas son comunes en la Escrituras. Son historias que se levantan como monumentos de esperanza para todos nosotros.

 

Hermanos y hermanas que leen estas palabras, ¿Hasta cuándo vas a seguir con tu desobediencia y excusas? Respóndele a Su llamado para tu vida, levántate y deja que la voluntad de Dios sea la lámpara que alumbra todos y cada uno de tus pasos.

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