Un Vistazo a Nuestra Historia Como Pueblo de Dios Parte 9


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Si te haces llamar Católico, este personaje debería ser parte de tu conocimiento personal como Católico. Si te haces llamar Cristiano, este personaje debería ser parte de tu conocimiento de la Historia de la Iglesia en general.

      Era alrededor del año 110 DC. Ignacio era el Obispo en Antioquía. Ignacio se encontraba de camino a Roma con una escolta de soldados para ser asesinado públicamente como parte del entretenimiento de los Juegos Gladiatorios. Este era el tiempo de los gladiadores en donde hombres peleaban hasta la muerte.

      Era la costumbre de esos tiempos el utilizar, como parte del espectáculo, leones para asesinar a Cristianos. Más de diez mil gladiadores y muchos Cristianos perdieron sus vidas durante esta celebración que duró 123 días.

      De camino a Roma, Ignacio escribió una serie de cartas. Estas cartas reflejaron su amor por Dios, su amor por las almas, su amor por la Iglesia y su profundo conocimiento doctrinal. Aunque estas cartas no fueron incluías como parte de la Biblia, las mismas poseen un extraordinario valor espiritual para todo hombre y mujer de Dios.

      El Obispo Ignacio nunca se llamó a él mismo papa. Como expliqué anteriormente, el tiempo de los papas se manifestó luego. Mas el Obispo Ignacio no puede ser ignorado por la Iglesia Católica, ya que fue él, el primero en utilizar la palabra Católica. En una de sus cartas Ignacio escribe,

“Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de ancianos (presbyteroi) como a los apóstoles. En cuanto a los diáconos, reverenciadlos como al mandamiento de Dios. Que nadie sin el obispo haga nada de lo que atañe a la Iglesia. Sólo aquella eucaristía ha de ser tenida por válida que se hace por el obispo o por quien tiene autorización de él. Dondequiera que aparece el obispo, acuda allí el pueblo, así como dondequiera que esté Cristo, allí está la Iglesia universal (katholiké).” (Carta, el Obispo Principio de Unidad – Tomado del artículo titulado, Igancio de Antioquía, escrito por Josep Vives)

      Mientras medito en estas palabras del Obispo Ignacio, puedo ver que su intención no fue el crear una nueva denominación, sino el establecer que la Iglesia tiene su propio gobierno y que la Iglesia es una. Creo que esta tendencia que tenemos de llamarnos algo (Bautista, Pentecostal, Presbiteriano, etc.) fuera de lo que somos fue y continúa siendo parte de la raíz de nuestra des unidad. Somos, simplemente, hijos de Dios.

      El Obispo Ignacio para mi representa, no un hombre crucial en la Iglesia Católica, sino un hombre crucial en la continuación de Iglesia Apostólica.

      La razón por la cual mencioné que la conexión apostólica  de la Iglesia Católica viene de Juan y no de Pedro es porque Ignacio era discípulo de el Apóstol Juan. Mas también es importante añadir que el primer Apóstol en Antioquía fue Pedro.

       No hay unanimidad en este siguiente punto; pero algunos dicen que Ignacio fue el segundo o tercer sucesor del Apóstol Pedro. Lo que sí sabemos es que, sin lugar a dudas Ignacio tenía conexión directa con los Apóstoles originales. Mas creo que en lugar de discutir estos puntos, lo que verdaderamente valida a este hombre son sus propias palabras y sus acciones. Miremos algunas de sus citas,

“Para mí es más bello morir y pasar a Cristo, que reinar sobre los confines de la tierra. Voy en pos de aquel que murió por nosotros: voy en pos de aquel que resucitó por nosotros.” (Tomado del artículo titulado, Igancio de Antioquía, escrito por Josep Vives)

 (Carta a los Romanos, intr. y cap. 4, 6-7)

“Escribo a todas las Iglesias y anuncio a todos que voluntariamente muero por Dios si vosotros no lo impedís. Os ruego que no tengáis para mí una benevolencia inoportuna. Dejadme ser pasto de las fieras por medio de las cuales podré alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios y soy molido por los dientes de las fieras para mostrarme como pan puro de Cristo. Excitad más bien a las fieras para que sean mi sepulcro y no dejen rastro de mi cuerpo a fin de que, una vez muerto, no sea molesto a nadie (…). Pedid a Cristo por mí para que, por medio de estos instrumentos, logre ser un sacrificio para Dios. No os doy órdenes como Pedro y Pablo. Aquellos eran Apóstoles; yo soy un condenado; aquellos, libres; yo, hasta ahora, un esclavo. Pero si sufro el martirio, seré un liberto de Jesucristo y en Él resucitaré libre. Ahora encadenado, aprendo a no desear nada (…).”(Tomado del artículo titulado, Igancio de Antioquía, escrito por Josep Vives)

      Como el Obispo Ignacio hubo muchos hombres y mujeres de Dios dedicados y sinceros en su fe.  Para mi el Obispo Ignacio se hecha un grito que aún se escucha hoy. Es un grito por la unidad del Cuerpo de Cristo, la conciencia que nos recuerda que somos un solo Cuerpo, un grito por orden en el Gobierno de la Iglesia, un grito por sana doctrina, un grito que valoriza el sacrificio, un grito de amor por Dios y amor por la Iglesia Católica, no en términos de denominación, mas en términos de realidad Bíblica.

      A Dios le doy las gracias por el Gran Ignacio de Antioquía; su historia a sido de gran inspiración para mi.

Continúa…

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