Para Levantarme una Vez Más


Winter Wonderland

La vida es una comedia, trágica, triste, dolorosa, frustrante. Una vida llena… repleta de fracasos y quebrantos y del horror del pecado. Palabras que han quedado marcadas en nuestras almas, experiencias espantosas que aterrorizan nuestros corazones con el monstruo del fracaso y la vergüenza. Mis lágrimas son profundas, mis batallas me han dejado como soldado viejo y acabado sin fuerzas para levantar mi espada. Tengo cicatrices como tatuajes que cuentan la historia de golpizas, peleas sangrientas en las calles del destino.

            Presentamos lo mejor en las paredes de nuestras oficinas, en nuestros murros del los medios sociales, grados académicos, momentos de sonrisas y alegría, mas la historia obscura la ocultamos, la ignoramos y no la contamos. Editamos el libro de nuestra historia para siempre ser los héroes o darle algún significado con finales victoriosos.  Mas, ¿cuántas veces hemos sido los  perdedores? ¿Cuántas veces caemos en tentación? ¿Cuántas veces vemos la salida, pero preferimos correr al pecado? ¿Cuántas veces hemos sido los que hemos hecho lo malo, aún cuando sabíamos hacer lo bueno? Del bochorno de los deseos de la carne he sido victima y como pesadillas espantosas en el medio de la noche el lamento se burla de mi; me irrita, me acosa y me roba la paz.

            Cuando era joven tenía sueños y parece ser que cada uno de ellos se escapó de mis manos; huyeron de mi como niños temerosos. Mi vida ya se evapora delante de mi; el telón del final de las escenas de mi vida se avecina. Ya no queda mucho tiempo. Una vida completa es una vida de setenta años y los más fuertes pasan de ochenta. Si soy bendecido con el regalo de una vida completa me quedan veinte o treinta años para decir todo lo que Dios me ha mandado decir, para hacer todo lo que Dios me ha mandado hacer y para recibir todo lo que Dios me ha dado.

            ¿Habrá tiempo oh Dios? ¿Podrás redimir mi tiempo perdido? He perdido mi canción, las melodías que adornaban mi voz de pequeño ya no las encuentro, se han perdido en un bosque lejano y frío. ¡Qué noche difícil es esta que vivo hoy! Levántame oh Dios, dame de la miel de la tierra prometida del destino que dibujaste para mi desde antes de la fundación de este mundo. Líbrame de la amargura de mis propias lágrimas; líbrame del las consecuencias de mi arrogancia. Hoy levanto en alto la bandera del amor de Cristo y el poder redentor de su sangre. Solo El aviva mi alma y me llena de esperanza para levantarme… para levantarme… una ves más.

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