El Distanciamiento Social y la Iglesia: Respuesta al Coronavirus


Nunca antes en mi vida había visto un virus o evento cambiar nuestras formas de vida como la hecho el Coronavirus. Negocios cerrados, los deportes interrumpidos, no poderse sentar en nuestros restaurantes favoritos, conciertos cancelados, etc.

Hoy día, además de lavarnos las manos constantemente, una de las herramientas que se está utilizando para combatir este virus es el aislamiento, mejor conocido hoy día como el distanciamiento social.

El darse las manos como saludo, el abrazo y el acercarse más de seis pies a otras personas, eran conductas y acciones normales en muchas culturas. Hoy día se consideran irresponsables.

Este virus, así como lo fue el ataqué terrorista de Septiembre 11 del 2001, cambiará nuestras sociedades por siempre. No hay vuelta atrás. Todo esto contribuye a preparar el escenario a una de las más tristes características de la cultura de los últimos tiempos, la falta de amor.

La Biblia nos dice en Mateo 24:12, “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” (Reina Valera Revisada 1960). Otro aspecto importante de la cultura mundial de los últimos tiempos lo será el odio a los cristianos.

En el centro de nuestra fe tenemos el mandamiento divino de amarnos los unos a los otros, de aún saludarnos con ósculos santos, de no dejar de congregarnos, etc. Nuestra fe está directamente en oposición con el aislamiento y el distanciamiento social.

Interesante saber que se recomienda que no se reúnan grupos de más de 10 personas. Eso es una ventanilla dada por Dios para la Iglesia.

No creo que fue la voluntad de Dios el reunirnos en edificios; creo que es la voluntad de Dios que seamos una familia verdadera. Las familias comparten sus vidas, comen juntos, hablan, juegan, se ríen, se abrazan, comparten historias, carcajadas y, en nuestro caso como cristianos, Hechos 2:42 nos dice, “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (RVR 1960)

Muchas iglesias han tomado la decisión de llevar sus servicios a cabo a través del internet. Puede que esto sea una buena idea por ahora; pero quiero que sepan que el dios de este mundo secular nos odia y su deseo es destruirnos y destruir nuestra fe.

No sé como, pero de alguna forma el diablo se las ingeniará para eliminar o limitar nuestros servicios. Aquí le va a salir el tiro por la culata, ya que la iglesia NUNCA será vencida… NUNCA.

Muchos pelearán por sus servicios de Domingos, las mega iglesias, etc. Esa batalla la perderán y se sentirán como que la iglesia perdió. Mas la iglesia será lo que Dios quiere que la iglesia sea, el Cuerpo de Cristo, una iglesia santa, sin manchas, sin arrugas, gente diferente, gente apasionada por Dios, gente dispuesta a a dar sus vidas mismas por el evangelio de Cristo.

La gloria que viene va a ser mucho más grande y mucho más poderosa que la gloria de los tiempos de los apóstoles, pero también habrá más derramamiento de sangre y más persecución. En todo y con todo, veremos el avivamiento más poderoso en la historia de la humanidad y muchos, no pocos, vendrán a los pies de Cristo.

Muchos se darán cuenta de que no hay gobierno, ni ideología, ni hombre que verdaderamente pueda saciar nuestras almas y revivir nuestros espíritus… solo Dios puede.

Durante estos tiempo tan difíciles y de tanta confusión muchos tienen temor. Temor a la muerte, temor a enfermarse y temor por los niños y los ancianos que son los más vulnerables ante este virus. Mas, hay otras agendas egoístas y diabólicas como lo son el propagar el pánico, el destruir nuestra economía, algunos en contra del Presidente Trump, otros utilizan esta crisis para acomodarse más en el poder y en fin… estamos rodeados de muchas voces y opiniones. No nos dejemos engañar.

Hermanos, no seamos tontos, no tentemos a Dios ya que no somos inmunes a enfermedades. Vivimos en cuerpos mortales y no eternos. Limpiemos y ordenemos nuestras casas, lavémonos las manos, comamos bien, tengamos una rutina de actividad física y no dejemos de amarnos, de congregarnos en grupitos pequeños, en nuestras casas, con la familia, etc.

Mantengamos el gozo y la paz de Dios, la cual sobrepasa todo entendimiento. No dejemos de amarnos y de extender nuestro amor a aquellos que no odian. Confiemos en Dios y hagamos lo que nos toca. En el nombre de Jesús, amén.

En el amor de Cristo, su Siervo, Ángel Casiano para la gloria de Dios y para el servicio de su pueblo.

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