Las Razones Bíblicas para Expulsar a Miembros de Sus Iglesia


El expulsar a un hermano de la Iglesia local a la cual pertenece, siempre está basado en la falta de arrepentimiento de pecados departe de dicho hermano o hermana. Siempre está basado en una insistencia arrogante y desafiante de parte del acusado en continuar dicho pecado. En el caso de un Anciano de la Iglesia, la denuncia tan siquiera se escucha a menos de que haya dos o tres testigo que levanten dicha acusación. En este articulo me concentro en los miembros de la Iglesia.

Jesús mismo nos da la forma divina de manejar estos casos, “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” (Reina-Valera 1960) 

El tener a una persona como gentil y publicano quiere decir que en estos casos se corta la confraternización. Vemos que al centro del asunto está el pecado. Este es un hermano que pecó en contra de otro. Jesucristo nos dio la fórmula de cómo confrontar esta situación sin entrar en murmuraciones. En este caso, el paso final fue el llevar el asunto delante de la Iglesia.

En el libro de Tito vemos otro ejemplo que trata sobre el mismo asunto, “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, 11 sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.” Tito 3:10-11 (Reina-Valera 1960). 

En este caso también estamos hablando de pecado; Pablo describe una persona problemática en la Iglesia. Mas aún así, vez que el exiliar la persona no es automática; existe un proceso a seguir. Pablo nos da otro ejemplo aún más drástico y triste en Primera de Corintios 5:1-5,

De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.

Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?

Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho.

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo,

el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. (Reina-Valera 1960)

Esto, como pueden ver, es un caso de fornicación severo; el caso de un hombre que ha tenido sexo con la esposa de su propio padre. Aquí hay dos problemas 1) que el hombre no se ha arrepentido y 2) que la iglesia no lo confronta. Pablo ordena, entonces, a que este hombre sea expulsado de la Iglesia. Si seguimos la historia, en Segunda de Corintios, este hombre se arrepiente y es restaurado. En Segunda de Corintios 2:5-11 Pablo nos dice,

Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros.

Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos;

así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza.

Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.

Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo.

10 Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo,

11 para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones. (Reina-Valera 1960)

En todo caso de disciplina o expulsión, el corazón de los líderes y de los hermanos es siempre la reconciliación. Pablo también añade otro ingrediente muy importante, la humildad. En Gálatas 6:1 Pablo nos dice, 

Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. (Reina-Valera 1960)

El exiliar o expulsar a un hermano de la Iglesia no se hace de forma emocionada y, sobre todo, sin fundamento bíblica. Esto no se toma de forma casual, el Profeta Jeremías nos dice, ¡¡“!!Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová.” Jeremías 6:1 (Reina-Valera 1960)

Hay un proceso, no complicado, que nuestro Señor Jesús a establecido. Los pasos son sencillos 1) hablar en privado con la persona en pecado, 2) si la persona no se arrepiente traer dos o tres hermanos, lógicamente, hermanos maduros en las cosas del Señor y 3) Si la persona insiste en no arrepentirse, el tercer paso es el traer esta situación delante de la Iglesia.  Es entonces la Iglesia la que decide si este hermano debe ser expulsado o no de la Iglesia. Esta decisión no está en las manos del pastor o los líderes solamente. 

Si te han expulsado de una iglesia local, la primera pregunta que puedes hacer es ¿de qué pecado se me acusa? Y luego una segunda pregunta debe ser ¿sobre qué verso bíblico basan dicha decisión? Si te expulsaron de la Iglesia de forma injusta; no te preocupes ni te desanimes. Sigue adelante amando a Dios y pídele a Dios que te muestre tu iglesia local. Recuerda que Dios quiere lo mejor para ti. ¡Dios te ama!

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