¿Existen las Maldiciones Generacionales? 4

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Creo que es importante establecer que no hay justificación para que el cristiano maldiga a nada ni ha nadie. Santiago 3:8-13 nos dice,

pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? 12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. 13 ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. (RVR1960)

La Palabra Maldición aquí es la palabra griega kataráomai; que significa “Desear y expresar que algo malo le pase a otra persona.”[1] Santiago explica claramente que el cristiano no puede adoptar esta forma de hablar o actuar. Esto no quiere decir que tengamos la autoridad de maldecir a nadie en el sentido tradicional de la palabra, esto es una actitud en contra de otros que no es aceptado en nuestra fe. Si leemos esta porción de la Escritura en el contexto nos damos cuenta de que Santiago nos explica que es imposible que el cristiano adopte esta forma de pensar o expresarse. Los versos 11 y 12 nos dice, “¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? 12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.”

Hasta este momento no encuentro justificación bíblica para establecer como doctrina las maldiciones generacionales. La persona no cristiana ya está bajo maldición, mas el cristiano está bajo la bendición de Cristo. Juan 3:17-18 nos dice,

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (RVR1960)

Sabemos en parte, tenemos mucho que aprender. Mucho se pierde con la falta de discipulado. Es por eso por lo que la Gran Comisión tiene que estar al centro de nuestras vidas como ministros.  Seamos inspirados como ministros con las palabras del Apóstol Pablo, “…porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” Hechos 20:27 (RVR1960) Como ministros necesitamos enseñar TODA la Palabra, no tan solo lo que nos agrada o nos conviene. Hacer discípulos envuelve enseñar todo el consejo de Dios; esto quiere decir Su voluntad y su propósito. Aunque el cristiano no puede ser maldito sí puede ser engañado. 

Continúa…


[1] Spiros Zodhiates, The Complete Word Study Dictionary: New Testament (Chattanooga, TN: AMG Publishers, 2000).

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