Se Trigo y no Cizaña 

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Algunos años atrás, trabajé de capellán en un ministerio en Jacksonville, Florida. Este ministerio se enfocaba en ayudar a hombres y a mujeres en la rehabilitación de drogas y alcohol. La gran mayoría de las personas a las cuales le servíamos eran deambulantes; personas sin hogar que vivían en las calles. La ciudad de Jacksonville era una de las ciudades en donde los deambulantes sufrían más violencia en los Estados Unidos. Definitivamente que el vivir en las calles en cualquier lugar es peligroso. Este ministerio, aún hoy alimenta a cientos de deambulantes; mas solo un mínimo porciento entran al programa de rehabilitación y drogas. Dicho programa es a largo plazo, enfatiza el evangelio, el estudio de la Biblia, el poder de Dios, etc. El programa te garantiza un lugar donde vivir; te saca de las calles y te ofrece desayuno, almuerzo y cena. 

Cuando me dieron este trabajo yo pensaba que esos cientos de personas que la Misión alimentaba diariamente querían entrar al programa. Pensaba que quizás existía una larga lista de espera que imposibilitaba que ellos entraran al programa rápidamente. Parte de mi trabajo era hablar con estos deambulantes mientras ellos esperaban en fila su turno para cenar. Esas interacciones me abrieron los ojos a algo que no podía creer. Conocí a cientos de deambulantes que no querían entrar al programa, que verdaderamente preferían continuar viviendo en las peligrosas calles de Jacksonville. No lo podía creer, ¿Cómo es posible que haya personas que prefieren vivir de esta forma?

He tenido una larga trayectoria que se extiende a más de 25 años en los trabajos sociales; una experiencia que comenzó en Florida se extendió hasta Carolina del Norte, Alaska y hoy día en el estado de Arizona. He tenido el honor de servir en ministerios en cada uno de esos estados. Esta experiencia me ha llevado a ser testigo de una triste realidad. Muchos rechazan y no tienen ningún tipo de deseo por la sanación de Dios. Muchos están cómodos en sus pecados, no desean cambiar, no les importa sus matrimonios, sus hijos o la Iglesia. La pregunta es ¿Por qué? En Primera de Juan 1:7 comenzaremos a contestar esta pregunta,

“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (RVR1960)

Creo que en este verso vemos el problema; muchos no están caminando en la luz; caminan en obscuridad y no quieren que nadie los vea. Van a sus servicios de domingos, mas no están en comunión con ningún hermano que los invite a ir de una forma más profunda a las cosas de Dios. Su círculo de amistades son los que apoyan y comparten sus carnalidades. En este caminar se condenan a ellos mismos, “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” Juan 3:19 (RVR1960)

Aunque parece increíble hay quienes, aún en la Iglesia, aman las tinieblas por encima de la luz. Muchos siguen en depresión porque eso es lo quieren. Muchos no quieren mejorar como hombres, como esposos, como amigos, como mujeres de Dios, como esposas, como hijos, como ministros, etc. Muchos luchan por recibir un cheque del gobierno por incapacidad; prefieren ese cheque al poder de Dios. Muchos rehúsan a hacer cambios en sus dietas, rehúsan a ejercitarse a dejar de fumar cigarrillos y abusar el alcohol. No consideran el poder de Dios ni están dispuestos a hacer los cambios necesarios. Aman las tinieblas por encima del poder de Dios. Hermanos esta es una de las señales de los últimos tiempos,

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Segunda de Timoteo 3:1-5 (RVR1960)

Jesús nos dice en Mateo 13:24-31 que en la Iglesia tenemos hermanos que representan el trigo (cristianos verdaderos) y otros que representa la cizaña (cristianos falsos). Los dos grupos se sientan en las Iglesias domingo tras domingo. Nuestra comunión no es con la cizaña sino con el trigo. Dios se encargará de la cizaña a su tiempo. 

Muchos tienen apariencia de religiosos, de que aman a Cristo, de cristianos… mas no quieren absolutamente nada que ver con en poder de Dios de sanar, de cambiar o de transformar. El punto principal que quiero hacer aquí es que el negar el poder de Dios está en la misma categoría de los “…hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios…” Segunda de Timoteo 3:2-5 (RVR1960)

No tenemos instrucciones de sacar la cizaña de las iglesias, mas tenemos instrucciones de evitarlos. ¿Por qué Pablo nos dice que los evitemos? Nosotros le servimos a un Dios Todo Poderoso; la cizaña niega dicho poder y se interpone en la obra de Dios para salvar, para sanar, para restaurar, para liberar y mucho más.  Hermano, rodéate de gente de fe, entra al discipulado y aprende de las formas de Dios… se trigo y no cizaña.

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