Y Tú, ¿Quién Eres?


Este ha sido un año poderosísimo en mi vida. Ha sido un año en donde he tomado en serio el conocerme a mi mismo. Esto no quiere decir que no sigo mi camino y mi deseo de conocer a Dios; este proceso es interminable, pero creo que he añadido mucha miseria a mi vida por no conocer la forma particular en la cual Dios formó mi persona. He adquirido un conocimiento que hubiese deseado haber conocido más temprano en mi vida; pero aprendemos con los años, con el tiempo maduramos y crecemos en sabiduría. 

El mundo y, lamentablemente, muchas veces la Iglesia, tiene la tendencia a definir quienes somos y lo que estamos llamados a hacer. Lastimosamente, caemos en la trampa de la cual nos advirtió Salomón cuando nos dice, “He observado todas las obras que se hacen debajo del sol, y he aquí que todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. 15 Lo torcido no se puede enderezar y lo incompleto no se puede completar.” Eclesiastés 1:14-15 ((Reina Valera Actualizada 2015)

La aflicción de espíritu viene cuando nos proponemos el enderezar y arreglar cosas en este mundo, enderezar y arreglar la vida de otros, malgastar nuestras fuerzas y energías adoptando personalidades que no son las nuestras y en el envolvernos en hazañas y metas que tampoco son nuestras. Al no alcanzar dichas metas nos frustramos y eventualmente nos cansamos de enmascarar quienes verdaderamente somos.

El Rey David, aún de joven, se conocía así mismo. Estoy seguro de que todos conocen la historia de David y Goliat. Dicha historia ha sido de gran inspiración para muchos. Es la historia que se utiliza para inspirarnos ha confrontar los gigantes en nuestras vidas y para alcanzar lo que se considera imposible. Sin duda que esta historia muestra las grandes cosas que podemos hacer cuando Dios está con nosotros. Mas en esta historia, muchas veces se pierde otro aspecto importantísimo.

Esta historia se desarrolla en Primera de Samuel 17. David fue un hombre que pasó mucho tiempo solo en sus tiempos de niñez y adolescencia cuidando de las ovejas de su padre. Esto lo ayudó a conocer a Dios más íntimamente y a conocerse a si mismo. Esto es muy importante en el desarrollo de esta historia. Los filisteos eran enemigos de los Israelitas; eran un pueblo poderosísimo en ese tiempo. Para evitar muertes se establecía una pelea entre dos hombres, unos de cada bando. Los Filisteos se sentían muy seguros por la estatura, fuerza y entrenamiento de su paladín Goliat, quien media 9 pies de estatura. Los Israelitas estaban consumidos de miedo; los hombres estaban paralizados de temor y nadie aceptaba el reto; incluyendo los hermanos mayores de David quienes eran soldados. 

David no sabia de nada de esto ya que cuidaba las ovejas de su padre; mas su padre lo envió a llevarle de comer a sus hermanos. Cuando David llega se entera de la situación y dice en versión puertorriqueña, “¿Por qué todo el mundo le tiene miedo a este tipo? Déjenmelo a mi que yo le meto mano.” Estas palabras llegaron a los oídos del Rey Saúl. Primera de Samuel 17:34-40 nos dice,

34 David respondió a Saúl:

—Tu siervo ha sido pastor de las ovejas de su padre. Y cuando venía un león o un oso y tomaba alguna oveja del rebaño, 35 yo salía tras él, lo hería y la rescataba de su boca. Si se levantaba contra mí, yo lo agarraba por la melena, lo hería y lo mataba. 36 Fuera león o fuera oso, tu siervo lo mataba. Ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado a los escuadrones del Dios viviente. 37 —Y David añadió—: ¡El SEÑOR, quien me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él me librará de la mano de ese filisteo!

Y Saúl dijo a David:

—¡Ve, y que el SEÑOR sea contigo!

38 Saúl vistió a David con su propia armadura. Le puso un casco de bronce sobre su cabeza y lo vistió con una cota de malla. 39 Luego David se ciñó la espada de él sobre su ropa e intentó andar, porque no estaba acostumbrado. Entonces David dijo a Saúl:

—Yo no puedo andar con esto, porque no estoy acostumbrado.

David se quitó de encima aquellas cosas. 40 Entonces tomó su cayado en su mano y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en la bolsa pastoril, en el zurrón que llevaba. Y con su honda en su mano, se fue hacia el filisteo. (Reina Valera Actualizada 2015)

El punto que muchas veces se pierde en esta historia es que David no aceptó el pelear con la armadura del Rey Saúl, sino que “tomó su cayado en su mano y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en la bolsa pastoril, en el zurrón que llevaba. Y con su honda en su mano, se fue hacia el filisteo.” David entendía, aún en su juventud, que él no era Saúl sino David. Si David se hubiese lanzado a esta pelea con la armadura de Saúl hubiese sido asesinado en segundos. Esto es lo que le está pasando a muchos hoy día y a través de la historia, se han lanzado a pelear con gigantes con la armadura de otros: opiniones de sus propios padres, las demandas de la cultura y la sociedad, las demandas del mundo de Hollywood, falsas profecías, etc. 

Hermanos, David mató a este gigante con una piedra y luego lo decapitó. Su fama se regó por todo el mundo y aún hoy contamos su historia. Dios se lleva la gloria, pero nada de esto hubiese pasado si David no se hubiera conocido a si mismo y la forma peculiar en que Dios lo creó. Este mismo David nos dice en el Salmo 139:13-16

Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre.
14 Te doy gracias, porque
has hecho maravillas.
Maravillosas son tus obras,
y mi alma lo sabe muy bien.
15 No fueron encubiertos de ti mis huesos a pesar de que fui hecho en lo oculto
y entretejido en lo profundo de la tierra.
16 Tus ojos vieron mi embrión
y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado,
sin faltar nada de ello. (Reina Valera Actualizada 2015)

David sabía sobre el Libro de la Vida, pero también sabía sobre otro libro, el Libro de su Vida; ¿sabes tú sobre el libro de tu vida? David nos enseña que a su tiempo todo será formado sin faltar tan siquiera un detallito. Mientras más rápido nos rindamos a la voluntad de Dios para nuestras vidas, más experimentaremos paz, gozo y satisfacción. En ese mismos Salmo David le ora a Dios diciendo,

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
pruébame y conoce mis pensamientos.
24 Ve si hay en mí camino de perversidad
y guíame por el camino eterno. Salmo 139:23-24 (Reina Valera Actualizada 2015)

Esta examinación del corazón de la cual David habla no es pidiéndole a Dios que examine algo que Dios no conoce; ¡Dios lo sabe todo!  Esta examinación del corazón es una oración pidiéndole a Dios que le mostrase su propio corazón. Hoy día tenemos que también pedirle a Dios que nos muestre nuestros propios corazones: quienes somos, nuestros temperamentos, nuestras virtudes, nuestros defectos, limitaciones y nuestro llamado peculiar para nuestras vidas. Este conocimiento es fascinante, práctico y te puede salvar de mucha miseria. Hermano… hermana… ¿Quién eres?… ¿Te conoces?

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