¡Que mucho excremento se habla en el mundo! Muchos se enfocan en la política, otros en los deportes, otros en chismoteos, otros en el negativismo, en novias y novios, en sexo y otros en vulgaridades, etc. Jesucristo nos dice “…porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6:45)

Lo que hablamos es un reflejo directo de lo que está en nuestro corazón. Podemos encubrir lo que verdaderamente está en nuestro corazón a través de la hipocresía; pero tarde o temprano nuestros verdaderos sentimientos salen a la luz. El cristiano en particular debe velar detenidamente en las conversaciones en las cuales se envuelve. El Apóstol Pablo nos dice en Primera de Corintios 15:33, 

No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. (Reina-Valera 1960)

Las malas costumbres comienzan con una conversación. Cuantas veces después de hablar con alguien te sientes deprimido, triste o hasta enojado. Hay personas que son expertos en robarle el gozo a cualquiera. Si eres sinceros, hay personas que hasta evitamos por el efecto negativo que tienen en nuestras almas. Tenemos que tomar en cuenta que Dios escucha nuestras conversaciones. Malaquías 3:16 nos dice,

Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. (RVR1960)

Noten que no tan solo que Dios escucha nuestras conversaciones, mas también se escriben en un libro en memoria de las mismas. Cristo nos dice en Mateo 12:36 “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” (RVR1960) Me atrevería a decirte que nuestras conversaciones son casi tan importantes como nuestras oraciones.

Pablo también nos dice “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” Efesios 4:29 (RVR1960) Nada en este mundo nos afecta más que las palabras que decimos; Cristo nos dice, “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” Mateo 15:11 (RVR1960) 

En mi reciente viaje a Puerto Rico noté que, al preguntarle a personas, ¿Cómo estás? La respuesta más común fue ¡estoy jo**do! De ahí saltan a lo malo que está el país, lo malo que están las cosas y, después de cinco minutos, ya yo estoy loco por terminar la conversación; ya que no hay ni una palabra de edificación en la misma. Estas conversaciones te chupan la fe.  El Rey David también habló de este tema cuando nos dice, 

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,

Ni estuvo en camino de pecadores,

Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

Sino que en la ley de Jehová está su delicia,

Y en su ley medita de día y de noche.

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,

Que da su fruto en su tiempo,

Y su hoja no cae;

Y todo lo que hace, prosperará. Salmo 1:1-3 (RVR1960

Hay una prosperidad que toma lugar en nuestras vidas cuando guardamos nuestras conversaciones, cuando velamos con quien nos juntamos y con quien tenemos confraternización. El cristianismo requiere intimidad con Dios e intimidad los unos con los otros. El “ir a la Iglesia los domingos” y desconectarse de Dios el resto del tiempo no es lo que Dios demanda. Estamos llamados a amar a Dios sobre todas las cosas. Dios nos demanda estar en el centro de nuestras vidas: en nuestras oraciones, en nuestras alabanzas, en nuestra adoración y en nuestras conversaciones los unos con los otros. Moisés también nos enseña sobre este tema cuando le decía al pueblo de Israel,

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Deuteronomio 8:3 (RVR 1960)

Nuestra vida misma depende en el fluir de la palabra de Dios. Esta palabra comienza y se confirma con la Palabra escrita o Logos; mas se manifiesta en lo que escuchamos del Espíritu Santo y, en las palabras proféticas que nos hablamos los unos a los otros. Esa Palabra es vida. Moisés fue especifico cuando dice,

Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. Deuteronomio 6:5-9 (RVR1960)

Nuestro amor a Dios es apasionado, es visible y se manifiesta en nuestro diario vivir; no es un estudio Bíblico semanal, no es algo separado; es la parte central e integral de nuestras vidas. Fluye orgánicamente en nuestro diario vivir. Pablo hace eco de las enseñanzas de Moisés cuando nos dice, 

¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. I Corintios 14:26 (RVR1960)

Hermanos, dejemos de hablar excremento y santifiquemos nuestras conversaciones. Dios está prestando atención. ¿Quieres vida, gozo y paz? Guarda tu boca y enfócala en Cristo; abandona las malas compañías y rodéate de gente que verdaderamente ama a Dios. En esto experimentarás la verdadera prosperidad de Dios. 


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