Cuidando de Nuestros Cuerpos


Nosotros los seres humanos somos tres en uno. Somos espíritu, alma y cuerpo. El cristiano tiende a prestarle atención a su condición espiritual y, eso es muy positivo. El problema es que muchas veces ignoramos el alma, quiere decir que: 1) resistimos el cambiar nuestra forma de pensar, 2) no trabajamos con nuestras emociones adversas y 3) como consecuencia, seguimos tomando malas decisiones. Cada uno de estos aspectos emana del alma. 

Hay otro aspecto que ignoramos aún más que el alma y ese es el cuerpo. Que interesante que Pablo en Primera de Tesalonicenses 5:23 nos dice “Y el mismo Dios de paz los santifique por completo; que todo su ser —tanto espíritu, como alma y cuerpo— sea guardado sin mancha en la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (Reina Velera Actualizada 2015) 

Parece ser que Pablo nos da el orden de importancia: espíritu, alma y cuerpo. Quiero poner énfasis en el cuidado de nuestros cuerpos. Hermanos, no soy doctor, pero les garantizo que sin hacer cambios en nuestras malas dietas y sin una rutina de ejercicios, nuestra salud física nunca va a mejorar… NUNCA. La buena dieta y el ejercicio van de la mano. Si comes bien y no te ejercitas, tus músculos y huesos se van a debilitar. Y, si te ejercitas y no comes bien, quizás tus músculos y huesos estén más fuertes, pero tarde o temprano te alcanzará la diabetes, la presión alta, problemas del corazón, problemas relacionados con tu sangre, etc. 

Es importante que entendamos que, si una parte de nosotros está afectada, todo nuestro ser será afectado. Es difícil ser espiritual, leer la Biblia, orar, interceder, estudiar las Escrituras, etc. después de un ataque al corazón, o un derrame cerebral o, cuando nuestros niveles de azúcar están por las nubes. Hermanos, lo primero que la gente ve en nosotros son nuestros cuerpos. Como cristianos tenemos que ser las personas más disciplinadas del mundo. 

Por último, tomemos en cuenta que la carne nunca va a cooperar con nada bueno. En otras palabras, no esperes que te sientas con ganas de hacer lo correcto. A la carne hay que forzarla. Pablo nos dice, “Más bien, pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer; no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado.” I Corintios 9:27 (RVA-2015) Cuidemos de nuestro ser en su totalidad: espíritu, alma y cuerpo. ¿Cómo lo hacemos?

Cuidando de nuestro espíritu: Orar, mantener una relación intima con Dios, alabarlo, adorarle y estudiar la Biblia son algunos ejemplos que nos ayudan a fortalecer nuestros espíritus.

Cuidando de nuestra alma: El alma es alimentada cuando el espíritu es alimentado. Un espíritu fuerte dentro de nosotros nos ayudará a tener la mente de Cristo, a pensar como El, a tomar mejores decisiones y, como resultado, disfrutar de las emociones más deseadas por el hombre: paz y gozo. Mas en el alma está la mente, es importante que estimulemos la mente tomando clases, estudiado algún curso, leyendo buenos libros, etc. 

Cuidando de nuestro cuerpo: Disciplina tu cuerpo, ejercítate, come bien. Invierte en tu cuerpo y en tu salud física para que des un buen testimonio a los que te escuchan y te ven. Se recomienda que nos ejercitemos un mínimo de media hora al día cinco días a la semana. Camina, levanta pesas, trabaja en el patio, limpia la casa, estírate, etc. No pases tantas horas sentado y ve aumentando la actividad física poco a poco

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