Unamos Nuestras Fuerzas

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Creo que existen muchos ministerios que están llamados por Dios a existir, pero no de forma independiente. He visto muchos ministerios con hombres y mujeres talentosos; mas sus ministerios dan muy poco fruto, no porque no exista el llamado, mas porque operan desconectados de la ayuda que Dios le ha dado. 

Esta desconexión se convierte en una perdida de tiempo, de energía y de finanzas. Por ejemplo, imagínate 10 iglesias locales a menos de una milla de distancia la una de la otra; imagínate que cada edificio tenga la capacidad para 100 personas, mas en cada edificio la congregación es de menos de 10 personas. Los ministros se frustran, se desaniman al confrontar problemas financieros y la poca asistencia. ¿Por qué? Su deseo de tener “lo suyo”, su propio ministerio, los ciega a ver más allá de ellos mismos. Estos 10 ministerios deberían unir sus fuerzas y talentos y desarrollar un ministerio poderoso para la gloria de Dios y para el servicio de Su pueblo. 

Mas los ministerios parecen no tener reconocimiento ni valides si no tiene su propio edificio. Esta historia se repite alrededor del mundo. Parece ser que todo se concentra en dicha estructura. No salen a evangelizar, no hay ministerio a los pobres, a las cárceles, a las viudas, etc. Tan siquiera confraternizan con sus hermanos de la Iglesia. 

La iglesia está llena de maestros y evangelistas con pasión para ensenar y ganar almas para Cristo, pero solo en esa estructura que llamamos iglesia. Hermanos, las oportunidades de ejercer nuestros ministerios son innumerables. Todo el mundo debería de tener la oportunidad de ejercer el llamado que Dios le ha dado; pero si el ministerio se limita a los miércoles y domingos no hay espacio para crecer en la obra de Dios. 

Otro punto es que, desgraciadamente los ministerios se endeudan en su ambición por tener edificios grandes. El tamaño de los edificios se convierte en su trofeo de éxito o fracaso. Hermanos, tenemos que unir nuestras fuerzas con otros hermanos y, tenemos que ser agresivos en el desarrollo de discípulos. Es la formula que Cristo nos dio. Cristo levantó doce discípulos y los mandó a predicar el evangelio y a sanar enfermos. Cristo también levantó a 70 otros discípulos y les dio la misma misión. Cristo hizo esto sin ataduras de edificios. 

¿Por qué es que vemos tantos ministerios he iglesias locales sin hombres preparados para pastorear luego de que el pastor principal se retira o fallece? 20 años de ministerio y, ¿no levantaste ni a un Josué ni a un Eliseo? ¿Por qué? Porque lo concentraste todo en un edificio y no le diste oportunidad a nadie de desarrollar sus talentos. ¡Esto es trágico!

Personalmente, estoy capacitado para ser pastor; ya he sido pastor. Estoy capacitado para enseñar la Palabra de Dios y para cantar para su gloria, mas no voy a rentar edificios y a endeudarme cuando puedo unir mis talentos con un ministerio ya establecido. Dios me ha bendecido con una casa grandísima que no se la debo a nadie; aquí hago ministerio de acuerdo con Hechos 2:42. He encontrado un gozo muy especial aquí en Arizona y no tengo que reinventar nada. En el proceso tengo familias y aún compañeros de trabajo los cuales Dios me ha dado para discipular y ayudar en lo que pueda. 

No tengo deseo ni necesidad de edificios, ni de ganancias; sirvo a estos hermanos y hermanas para la gloria de Dios. Dios me ha dado un trabajo con lo que me gano el pan; no vivo del ministerio, así como lo hizo el apóstol Pablo. Ni tampoco tengo deudas; soy libre.

“Harvest Outreach” es la Iglesia local de la cual soy parte. Ahí dirijo la alabanza y ahí Dios me está abriendo puertas para ensenar y predicar la Palabra. Continúo escribiendo y, todos los días alguien alrededor del mundo lee alguno de mis artículos. Mi Iglesia local está activa en alcanzar almas para Cristo. Las oportunidades son sin limite y, mi propio hogar es parte esencial del ministerio que Dios tiene para mi esposa y para mi. No vengo a Arizona a hacer y a buscar lo mío, vengo a Arizona a ayudar con lo que Dios ya está haciendo y a unir mis fuerzas con las fuerzas de los ministros a los cuales Dios me ha enviado a ayudar.

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